sábado, 1 de septiembre de 2007

La Sorpresa de Volver




Paseando con su bastón por los caminos llenos de cafetales, va Don Eduardo recordando los años, cuando fundó con entusiasmo la hacienda “Raca-Raca”.

Tenía 45 años eran días de gran revuelo en la capital y comenzaba a pesar en sus espaldas los largos días de trabajo en la fabrica.
Es para esa época que Don Eduardo decide buscar un terreno en las montañas para salir los fines de semana del torbellino caraqueño y aislarse con su familia, compartir con ellos y la naturaleza.
Nunca pensó que ese lugar cambiaría su vida y que sería el escenario para sus mejores y peores recuerdos.

Todos los viernes Eduardo y Cristina esperaban a sus 4 hijos a la salida del colegio, terminaban de empacar, montar las maletas en la camioneta, para tomar los 35 minutos de carretera que con la alegría de cantos y juegos los conduciría a “Raca-Raca”.

Uno de esos fines de semana, estaban todos sentados en la terraza donde divisaban un grupo de montañas verdes y monumentales, se sentía el suave aroma de las flores de Doña Cristina, ella tejía un sweter de lana pura que vendía ocasionalmente en las tiendas de artesanía del pueblo vecino, Don Eduardo leía un libro de cuentos fabulados de su escritor español preferido, que guardaba celosamente en el baúl del rincón de su cuarto, oían las risas y algarabía de los niños en el jardín.

Doña Cristina le comenta angustiada a Don Eduardo:
-Viejo, siento que me camina un animal por la espalda, ¿ revísame a ver que es?
-No veo nada comenta, por donde?
-Ahora esta cerca del cuello.

Doña Cristina comienza a sentirse mal su piel enrojecía, comenzaba a hincharse, escalofríos y sudoración corría por todo su cuerpo y de pronto cayó al suelo.
Don Eduardo pegó un grito, los niños corrieron en su búsqueda, gritaban mientras con el periódico que agitaban le echaban aire.
Pasado un tiempo llegó el médico de la comarca que fue avisado por uno de los peones, después de tomarla y llevarla a la habitación, oscultarla y verificarle los signos vitales les da la terrible noticia que no había nada que hacer, Doña Cristina había muerto, producto de una picada de escorpión.

Pasaron 5 años y Don Eduardo y sus hijos no habían querido volver a “Raca-Raca” después de la muerte de Doña Cristina.

Un Carnaval decidieron que era el momento de regresar y reencontrarse con los recuerdos, ese lugar que para ellos estaba lleno de anécdotas maravillosas, donde en las tardes correteaban por los cafetales, los paseos por el riachuelo donde recogían renacuajos y llegaban todos mojados a casa, por las noches armaban rompecabezas o jugaban a las cartas...

La primera noche empezaron a oír la brisa fuerte dentro de la casa, pasos que iban y venían de la cocina al cuarto, Teresa la más pequeña de las hijas no podía dormir, se asomaba a ver quien era y comprobaba que no era nadie.
Al rato vuelve a oir pasos y el ruido de la mecedora, le comenta a su hermana mayor Elena que comparte la habitación con ella.

-Elena oyes el raca-raca de la mecedora?
-Si, Teresa, vamos a ver quien es.
-Yo acabo de salir y no vi nada.
-Vamos de nuevo, te acompaño, despasito, juntas las dos.

Salieron sigilosamente tomadas de las manos y agachadas, bajaron las escaleras y al llegar al salón brincaron y prendieron la luz, vieron la mecedora moverse raca-raca pero no había nadie en ella.
Subieron de nuevo a su cuarto, se acomodaron en las camas se vieron las caras donde no ocultaban el miedo.
Dejaron la luz de la mesa de noche encendida y se quedaron profundamente dormidas.

A la mañana siguiente salieron a pasear y no contaron a nadie nada de lo sucedido la noche anterior, para que sus hermanos no se burlaran de ellas.
Después de pasar la noche en la fiesta de Carnaval del pueblo, viendo las carrozas, las comparsas y bailando, regresaron casi cerca de la medianoche de nuevo a casa, se despiden con besos y bendiciones y cada uno se va a su cuarto.

Elena y Teresa estaban ya listas a acomodarse en las camas, cuando de nuevo oyen el ruido de la mecedora del salón raca-raca , raca-raca......
Se miran y sin decir palabra, caminan hacía la puerta, igual que la noche anterior bajan al salón, encienden la luz y no ven nada sobre la mecedora.
Suben al cuarto y deciden dormir en la misma cama, Teresa se tapa con la almohada la cara, cuando de pronto Elena le dice al oído.

-Teresa no puedo dormir.
-Elena, haz como yo tápate los oídos con la almohada.
-Es que siento que me ahogo, no sólo por el susto sino porque mi corazón late tanto que lo oigo y no me puedo dormir.
-No seas boba, duérmete.

Al rato el ruido del salón venía cada vez más duro, así lo sentía Teresa, deciden esta vez bajar arrastradizas por el suelo, volver al salón y ya muy cerca de la mecedora encienden la luz.
- AHHHHHHHHHHH gritan las dos.

Cual sería su sorpresa al ver a Lulú brincar desde la mecedora a la ventana. Lulú era una gata siamesa blanca, había desaparecido el mismo día de la muerte de Doña Cristina, siempre los acompañaba en cada viaje a la finca pero que por los acontecimientos del último , no pudieron esperar a que apareciera y se regresaron sin ella.
Ellas comienzan a reírse sin parar y a gritar
-¡Es LULU! ,lulu, lulu.

Don Eduardo baja junto a los hermanos al oír el escándalo de las hermanas.
Ellas le cuentan lo sucedido y al rato ven entrar a Lulú quien cariñosamente se les acerca.
Elena y Teresa desde esa noche no creyeron más en cuentos de fantasmas y aparecidos y siguieron regresando a ”Raca-Raca” cada vez con más frecuencia.

3 comentarios:

Felix dijo...

Caramba prima...Estoy muy agradado de leer tu cuento, primero porque me distrajo mucho y me llevó a parajes que afortunadamente conozco y segundo porque me has sorprendido muy gratamente con tus dotes de escritora...Anímate y escribe una novela...Yo le leeré seguro...Un beso

Lionel dijo...

Comadre, que agradable es leer estos cuentos, una faceta mas en tu vida que demuestra sin duda que eres incansable y muy creadora. Por cierto, que los nombres de los personajes del cuento "La Sorpresa de Volver" me causaron una agradable sensacion. Estoy seguro que todos los que te rodean deben estar muy orgullosos de ti como lo estamos nosotros,
Lionel

claudia dijo...

Tía Nelly!! Estoy de acuerdo con esos comentarios, me encantó la creatividad, y la foto me parece perfectaa para el cuento. Espero que pronto podamos leer tu novela…

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