viernes, 13 de noviembre de 2009

Si mi mamá me enseñó , tú me enseñaste

by Toto Aguerrevere

Si mi mamá me enseñó a contar historias, tú me enseñaste a vivirlas. A comprender que son momentos efímeros y que la felicidad es un instante que se prende como una vela y se apaga con apenas un soplo. Por eso la importancia del momento para el recuerdo. Fotografías añejas de momentos felices que se van amontonando a medida que uno transita por las autopistas de la vida. Mis álbumes de fotos están basados en los tuyos de Suiza. Momentos que no volverán pero que te alegran uno de esos días grises cuando no vale la pena levantar la cámara para capturarlos.

Si mi mamá me enseñó la dirección de la vida, tú me enseñaste el poder de la aventura. De la emoción detrás de una idea de proyecto. Que todo es emocionante. Todo lo que nos rodea es objeto de inspiración; una oportunidad escondida en lo inoportuno. Si bien hay cosas que parecen aburridas, queda de nosotros darle el vuelco con tan sólo un pensamiento. Porque así es la vida. Para gozarse el proceso. Así sea haciendo una maqueta, una pintura, un blog o un negocio. A mirar a la gente por lo que son y por lo que pueden ser; no por lo que tienen. A fin de cuentas, jamás nos ha interesado las cuentas bancarias ni el destino en los viajes. Nuestro deleite es la conversación en el trayecto.

Si mi mamá me enseñó a valorar el entretenimiento de la cultura, tú me enseñaste a gozarme la cultura del entretenimiento. De no ver un concurso de música o la apertura de las Olimpiadas porque es frívolo, sino porque en realidad es una lección de geografía, de valores y de compañerismo entre naciones. Que si bien todo cuadro tiene un trasfondo, todo Óscar un mérito cinematográfico, toda moda una intención y todo edificio una historia estética, en el fondo verdadero la decisión de si algo es bueno queda en la valentía de decir a viva voz “me gusta o no me gusta”. Así no tengamos vela en ese entierro.

Si mi mamá me enseñó a valorar los momentos, tú me enseñaste a apreciar los detalles. Que los almuerzos largos no se terminan sin una revista de corazón abierta de par en par porque eso extiende la conversa. Que las tardes no se terminan sin tararear una canción mientras tú das vueltas interminables a un sencillo mechón de pelo entre los dedos porque eso trae recuerdos. Y que las noches no se van hasta que no se hayan contado los detalles de una fiesta en el desayuno porque compartimos la misma opinión que ninguna fiesta termina sin los comentarios del día después.

Si mi mamá me enseñó a amar a las personas, tú me enseñaste a quererlas. Por eso te quiero a ti, madrina bella. Un río de enseñanzas desde tus brazos hacia mi cabeza. Una pila bautismal que actuó como testigo que de ti saqué todo lo bello.-

Feliz Cumpleaños Nelly.

1 comentario:

Carolina Tinoco dijo...

Que sensibilidad .....belleza...amor.
Carola

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